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domingo, 29 de junio de 2008

100% Cierto - Para tí, mujer inteligente

“Y se enamoró, como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota”

Las mujeres inteligentes tienen más problemas para casarse
Por Lilia Loo


Nosotras, que vivimos en una sociedad machista, llena de irregularidades sexistas y un imbatible estereotipo de “mujer fea / inteligente”, sabemos que tener un coeficiente intelectual elevado es una desventaja para quienes en algún momento deseamos casarnos.

La realidad es así, nosotras, las mujeres inteligentes, tenemos mucho más dificultad para encontrar hombres de nuestro gusto, y es debido a una madurez que alcanzamos cuando finalizamos el largo camino para llenar a ser profesionales. A cierta edad, ya estamos hechas y derechas, con algunos títulos y por supuesto, un nuevo pensamiento en la que encontramos que los hombres no son interesantes.

Queremos, anhelamos, deseamos un príncipe azul pero claro, adaptado a nuestros tiempos. Un hombre que complazca nuestros caprichos, que tenga una seguridad increíble, ojos solamente para nosotras y claro, que deje boca abierta a cualquier amiga que presentemos. Y ¿acaso esto sucede?

Es que ninguna mujer, ninguna, podría distinguir cuándo vale la pena ilusionarse y cuándo no – sea inteligente o no. Aún cuando tengamos la intuición de que las cosas no resultarán, es inevitable proyectarse, ver más allá de los días y del tiempo presente. Y para las mujeres perspicaces es difícil encontrar anteojos para ese tipo de miopía.

Pero no solo es acción de mujeres, continuamente se da el caso de que hay hombres que al momento de escoger una pareja para el resto de sus vidas, prefieren a mujeres con un coeficiente intelectual menos elevado, que simplemente se ocupe del hogar que planean formar.

Dicen que es la era de romper con esquemas tradicionales, entonces sólo nos queda analizar con mucha cautela, examinar las posibilidades y elegir con mucho tino. Mucha suerte a todas!

domingo, 27 de abril de 2008

Lo dijo Ryszard Kapuscinski

La fuerza de la palabra escrita

¿La escritura puede hacer que algo cambie? Sí, lo creo profundamente. Sin esa fe no podría escribir. Desde luego soy conciente de todas las restricciones que nos ponen las circunstancias, las situaciones, la historia y el tiempo. Por ello mi fe, aunque profunda, no es absoluta, no es ciega.

¿En qué consiste la principal restricción? La escritura sólo raras veces, en casos excepcionales, influye en la gente. Y, en el transcurso de la historia, no lo hace de forma directa, radical y de inmediato. La reacción a la palabra escrita es más bien mediata. En el primer momento puede ser incluso invisible, indetectable.
Necesita tiempo para llegar a la conciencia del receptor, necesita tiempo para empezar a formar o cambiar esa conciencia. Sólo después de un largo camino podrá influir en nuestras decisiones, actitudes y acciones.
El que la escritura produzca cambios no lo deciden sólo los autores, sino sobre todo los lectores: su sensibilidad y confianza en la palabra, su prontitud y deseo para reaccionar a la palabra recibida. Es también importante el contexto, el ambiente, el estado de una cultura imperante en que esa palabra cae y es recibida. Con frecuencia estas son las circunstancias que pueden debilitar e incluso aniquilar el valor y la fuerza de la palabra escrita y sobre la cual el autor de un texto no tiene mayor influencia. (...)

Cuando preguntamos: “¿la escritura puede hacer cambiar algo?”, la mayoría de las veces pensamos que se trata de un cambio positivo, dirigido a hacer un mundo mejor. Pero no olvidemos que la escritura puede intentar que el mundo sea peor, que contribuya a aumentar el mal, el odio y la agresión.
Tal función la cumple cuando se escribe en el tono del fanatismo y la xenofobia, del fundamentalismo y el racismo. Por ejemplo, los libros al estilo de Protocolos de los sabios de Sion o Mi lucha de Hitler.

Pienso que la pregunta sobre cuál es el carácter de la relación entre la escritura y el cambio es muy importante y actual. Esta pregunta surge de la inquietud sobre la eficacia de nuestras acciones literarias por el valor mismo de la escritura.
Porque por un lado vemos una enorme proliferación de la palabra escrita –hay cada vez más libros, revistas y periódicos– y al mismo tiempo percibimos cuánto mal hay en este mundo y como la cantidad de temores y conflictos en nuestro planeta aumenta en lugar de disminuir. De ahí el escepticismo de muchos creadores, de ahí la frecuente desconfianza e incluso la incredulidad en el sentido de nuestra escritura. (...)

La literatura siempre ha asumido su responsabilidad. Desde hace miles de años ha acompañado la vida de las sucesivas generaciones, a veces cambiándolas para ser mejores. Y hoy nada la libra de esa obligación. Por el contrario, los tiempos difíciles en los que vivimos nos ordenan que, con una fuerza y fe especial, digamos: “Sí, la escritura puede cambiar algo para que sea mejor, aunque sea poco, pero puede”.
Para visualizar el texto completo ingresa a: http://www.saladeprensa.org/

martes, 8 de abril de 2008

La religión está de moda


Un acercamiento a las razones del por qué los libros de trama
misterio-religiosa cautivan tanto a los lectores de ahora.



La imagen de la fachada de la iglesia del barrio me trajo consigo unas fuertes ganas de leer algo “prohibido”, comercial, superficial pero calumniante. Al término de la lectura del best seller de 2005, “La Herejía”, del francés Romain Sardou, me sofoqué al sentir un apetito voraz por otro libro del mismo corte seductivo.
La primera razón de esta pronta adicción contagiosa, que día a día esta consumiendo los ojos de muchos lectores, se remonta a muchos años atrás; este tipo de novelas ha tenido una metamorfosis muy notoria. Comenzamos con una literatura de “terror” o thrillers de miedo como Frankenstein o el vampiro Drácula.

Poco a poco hemos variado de receta, pero siempre con el ingrediente burbujeante. Inevitablemente el misterio extasía la mente de cualquier ser humano. Este sabor a lo desconocido cazó y caza continuamente. Fue así como se iniciaron las tramas de los alienígenas y guerras galácticas. Posteriormente, vendría la fiebre de lo paranormal, la vida después de la muerte y un sin fin de curiosidades fantasmales.

La novela popular ha ido creciendo y madurando con el cambio de los gustos aficionados; los escritores, parejos a los contenidos, han buscado temas de origen trascendental, es por ello que se fusiona la historia y el misterio. Una receta muy tentadora que funcionó para Umberto Eco, Joyce, Suskind y más.

Ambos ingredientes, la historia y el misterio, han creado una fórmula muy atractiva, pero no tanto como las reacciones que se ha generado al añadir la religiosidad a esta receta perfecta. Una serie de tenebrosos sucesos en el seno de las altas esferas eclesiásticas, más hechos históricos verídicos y la inserción de causes dudosos en la trama, mantienen alerta y en fascinación al personaje detrás del libro.

Este modelo narrativo ha creado una sed insaciable de curiosidad. ¿Será que nuestras dudas no han sido esclarecidas completamente? Tal vez sea la respuesta al por qué gustamos tanto de las historias donde el misterio alienta a la conspiración, el personaje difunde y crea intriga, y revelamos el mejor secreto que rompe el muro histórico.