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martes, 17 de junio de 2008

Diana Wang: Busca en sus raices

Cuando mi mamá me llamó por teléfono ese lunes a la mañana, todo cambió en mi vida. Me pedía perdón, llorando, perdón por haberme traído a este país, por haberse equivocado tanto, por no haberle hecho caso a papá que no quería venir, decía que era un lugar salvaje, lleno de indios y peligros peores que los que habíamos dejado atrás. Perdón, sollozaba desconsolada, perdón, gritaba, yo no sabía, pensé que acá no, que acá íbamos a estar bien, pero todo pasa otra vez, nos quieren matar, no sé por qué nos odian tanto…

Ya hace siete años de la masacre, cuando este lugar donde ahora estamos dejó de estar. Nací del desastre con una nueva conciencia. Había cosas de las que no se podía escapar: de la propia identidad.

Ese día nací como judía. Estoy ahora en mi sala de partos. Nacerás entre heces y orinas reza el mandato bíblico. Mis heces fueron las muertes, mis orinas las búsquedas de familiares perdidos. Entonces y acá. Nací dos veces. Allá, en una Polonia con chimeneas aún dolorosamente tibias y acá, en Pasteur 633 bajo escombras y un polvillo insidioso que todavía hoy dificulta el respirar. Mis dos nacimientos.

La primera vez que supe que era judía fue a los ocho años cuando le pedí a mi mamá el vestido para tomar la primera comunión. Se me quedó mirando, muda, paralizada. Llamó a papá y le dijo, mirá cómo nos equivocamos, hicimos todo mal… y me contó quiénes éramos. ¿Judíos? ¿Qué era judío? Nunca había escuchado la palabra. Supe ahí que no nos querían, que el Dios de la cruz no sólo no nos quería sino que nos odiaba, y los curas y los monaguillos y la Virgen María y los ángeles, los querubines y los serafines. Todo ese mundo de cuento y magia no me correspondía, había quedado afuera. Los cristianos nos odian, nos quieren matar, no se puede confiar en un cristiano. Cada palabra caía como cascote. No sabía más quién era. No quería ser alguien a quien se odiaba. Decidí que no iba a ser un obstáculo, que lo pondría entre paréntesis y no se interpondría en nada de lo que hiciera.

Me ayudaron mi nombre y mi apellido. Dvoirale era muy judío. Aunque era el nombre que me habría correspondido porque era el de una hermana de mamá muerta antes de la guerra, no se podía. Dvoirale en la Polonia de 1945 era tan peligrosamente judío como la circuncisión. Danuta, me llamaría Danuta. Danuta olía a hostia y a agua bendita. Danuta era más católico que el niño Jesús. Danuta sería mi salvación. Pero en Argentina Danuta era un nombre desconocido, además tenía una rima inconveniente, generaba preguntas peligrosas, empezó a ser un problema. Fui Diana. Soy Diana. La china, por ese apellido tan extraño que por suerte era exótico y tan sólo generaba alguna broma. Lo judío no era evidente. Alivio de mis padres.

Lo primero que escribí fue una crónica de viaje. Edité sólo cinco ejemplares: uno para cada uno de mis hijos y sobrinos. Es la resultante de un viaje que hicimos con mi hermano a Polonia, Ucrania y a Austria. Fuimos a ver. Fuimos a oler. Fuimos a recordar. Fuimos a buscar a ese hermano entregado a una familia cristiana que tal vez nos buscaba y que, como nosotros con él, no sabía nuestro nombre. Y algo sucedió en Boryslaw, de donde eran oriundos nuestros abuelos paternos, los Wang. Buscábamos el cementerio judío, buscábamos encontrarnos en alguna lápida vieja. Sólo encontramos en un costado del camino una matseive negra donde se leía en polaco, idish e inglés: acá estaba el cementerio judío de Boryslaw.

Desoladoramente huérfanos de pasado, nos quedamos mudos. Alrededor de la matseive crecían margaritas silvestres. Un pensamiento loco se me instaló: que las margaritas se nutrían del mismo suelo que alguna vez habían recibido a nuestros antepasados. ¿Cuánto tiempo recuerda la materia primigenia la vida que fue? ¿Cuánto de nosotros habría aún bajo esa piedra? Corté cinco margaritas, una para cada uno de nuestros hijos. Al volver, escribí el relato del viaje, las anécdotas, las historias secretas de la familia, las fotos de las vivos y las que quedaban de los muerte, documentos, herencias. En cada uno de los cinco ejemplares había una de las margaritas de nuestra estirpe, una infinitesimal porción de materia que nos unía entre sí y a esa tierra. Lo titulé “Por una margarita” y se los entregué a los chicos en la primera cena de Rosh Hashaná que tuvimos después de la muerte de mamá.
Ya era una judía nueva.

domingo, 8 de junio de 2008

Daniel Samper: solo para papás

Básicamente, los bebés son máquinas de soltar gases

El bebé y los gases

El día que alguna empresa imaginativa descubra el tesoro energético que encierran los gases del bebé, estos empezarán a competir con la producción de energía hidráulica, térmica y nuclear. Ciertamente, los gases de un solo bebé no podrían desplazar un barco de papel. Pero los de millones de bebés, debidamente conducidos y reunidos, serán capaces de mover trasatlánticos, mantener en combustión los altos hornos de acerías, e iluminar ciudades.

En términos generales, los bebés expulsan los gases de dos maneras:

Por arriba o Por abajo

Los de arriba reciben con orgullo la denominación de “gases superiores” o “nobles”, mientras los otros esperan impacientes su oportunidad de ascender en la escala anatómico- social.

Se trata de una típica labor paterna, pues, como antiguos bebés que también son, los padres disfrutan muchísimo con los simpáticos gases de sus bebés, y algunos papás incluso compiten con los niños en la gástrica tarea. No siempre ganan los papás, debemos decirlo, pues los bebés nacen cada vez más corpulentos y fornidos: ¡hay cada pedazo de bebé!

Para ayudar a que el bebé expela los gases, basta con alzarlo durante dos o tres horas, preferiblemente en la madrugada, y pasearlo por la habitación mientras se le canturrean tonterías en voz baja. El bebé tiene un particular sentido del humor estomacal y cuando el padre, trasnochado y exhausto, quiere que expulse sus ventosidades, se niega a obedecer. En cambio, adora hacerlo de manera estentórea en un ascensor repleto, durante la visita del señor obispo o el examen del pediatra, término que, paradójicamente, no tiene relación alguna con el tema que nos ocupa.

Las inesperadas explosiones, sin embargo, son celebradas por los adultos con jubilosas muestras de diversión. Estimulado por los aplausos y festejos a su expresividad eólica, el bebé prosigue eructando y peyendo con entusiasmo y ostentación, hasta que, cierto día, estas manifestaciones que antes concitaban la risa general reciben como respuesta un regaño o, incluso, el castigo de una palmada que le produce llanto. Se trata, entonces, del clásico efecto del gas lacrimógeno.

En ese punto el bebé sabe que ha dejado de ser bebé, y deberá esperar hasta tener su propio hijo para volver a divertirse con una función corporal que, viéndola bien -y, aún más, oyéndola-, resulta graciosísima. Es el clásico efecto del gas hilarante.

Ha click para leer todo el texto: "Para papá"

lunes, 26 de mayo de 2008

El gol de Pedro Lemebel

La muerte de Madonna

Ella sola se puso Madonna, antes tenía otro nombre. Pero cuándo la vio por la tele se enamoró de la gringa, casi se volvió loca imitándola, copiando sus gestos, su risa, su forma de moverse. La Madonna tenía cara de mapuche, era de Temuco, por eso nosotros la molestábamos, le decíamos Madonna Peñi, Madonna Curilagüe, Madonna Pitrufquén.

Pero ella no se enojaba, a lo mejor por eso se tiñó el pelo rubio, rubio, casi blanco. Pero ya el misterio le había debilitado las mechas. Con el agua oxigenada se le quemaron las raíces y el cepillo quedaba lleno de pelos. Se le cala a mechones. Nosotros le decíamos que parecía perra tiñosa, pero nunca quiso usar peluca. Ni siquiera la hermosa peluca platinada que le regalamos para la Pascua, que nos costó tan cara, que todos los travestis le compramos en el centro juntando las chauchas, peso a peso durante meses.

Antes del misterio, tenía un pelo tan lindo la diabla, se lo lavaba todos los días y se sentaba en la puerta peinándose hasta que se le secaba. Nosotros le decíamos: Éntrate niña, que va a pasar la comisión, pero ella, como si lloviera. Nunca le tuvo miedo a los pacos. Se les paraba bien altanera la loca, les gritaba que era una artista, y no una asesina como ellos. Entonces le daban duro, la apaleaban hasta dejarla tirada en la vereda y la loca no se callaba, seguía gritándoles hasta que desaparecía el furgón. La dejaban como membrillo corcho, llena de moretones en la espalda, en los riñones, en la cara. Grandes hematomas que no se podían tapar con maquillaje. Pero ella se reía. Me pegan porque me quieren, decía con esos dientes de perla que se le fueron cayendo de a uno. Después ya no quiso reírse más, le dio por el trago, se lo tomaba todo hasta quedar tirada y borracha que daba pena.

Cuando se puso la silicona le dio por los escotes. Los clientes se volvían locos cuando ella les ponía las tetas en la ventana del auto. Y parece que veían a la verdadera Madonna diciendo: Mister, lovmi plis.
(...)

Texto completo: La muerte de Madonna

sábado, 3 de mayo de 2008

Aprendiendo a vivir II - Hacer de una experiencia una noticia

La crónica es la mejor expresión del periodismo y la literatura
"Las buenas crónicas son literatura"

Paso 2: domina el miedo

La sintió entrar. Se dejó caer sobre la silla al lado de la camilla y dijo:
- Soy una psicóloga no te asustes. Esto es una revisión.
- No tendré traumas si evitan mandarme otro médico más — con la voz de una esclava de la camilla.
- Lo sé, estas cansada. ¿Sabes por qué estoy aquí? - no podía ahuyentarla, era demasiado amable.
- No — descartó de forma habitual a su molestia.
- En realidad a explicarte por qué debes operarte y no dejarte morir. La razón de tus posibles secuelas y también, darte la noticia que es posible que todo salga perfecto.
- Como también que se compliquen las cosas.
- Acabo de terminar de leer un libro interesantísimo. Me lo recomendó un colega — cambió de tema bruscamente.
Es la primera vez que no la trataron como una inválida. Esbozó una sonrisa y pensó: “por hoy no me rendiré”.

Paso 3: despídete pero no para siempre

El pobre doctor Torres andaba explica que te explica, creo que más por disimular su nerviosismo que por otra cosa.
- Ya tenemos todo listo, su cráneo rasurado, las unidades de sangre extra - explicaba rápidamente la enfermera de turno.
- Ya vuelvo en unas ,,, 8 horas,,, - siempre deleitando a su público con su tono humorístico.
Ellos enmudecieron. Cada uno dio un abrazo y un beso, tal vez los más significativos en su vida, tal vez los más apacibles que rozaron sus mejillas, pero definitivamente, los más benignos para ella o amargos para la mala suerte.
Lo adoró. No podía distinguir quién era, pero solo ellos sabían lo que realmente habían sentido en aquel instante de despedida.
Podría decirse hoy que ese momento fue extraño y maravilloso, una sensación de estar fuera de la realidad, de ser parte de un mundo unitario.
- Cuenta hasta 10 en forma descendente — le ordenó fríamente sin una pizca de compasión a su miedo, a sus lágrimas que desmoronaban el pequeño fulgor de esperanza.
Sintió la mascarilla. Asustada iba pronunciando — 10, 9, 8 …

Paso 4: colaboración

Pestañeo tres veces y reaccionó. — !Luz! - gritó internamente. Pero sintió desconcierto y desesperación — No puedo respirar bien meditó. Una sensación de ahogo, de aire rudo, de abrigo imposible, raspaba su garganta.

Vio entrar a dos personas con mascarillas, batas holgadas y verdes. Ambas notaron el temor en sus ojos.— Cálmate y colabora, no pelees, solo no hagas nada — imploró el más alto. — Esa máquina respira por ti, solo déjate llevar — la invitó a colaborar.

Repentinamente se sintió como una pluma entre un gran país de almohadas blancas y ligeras, había caído nuevamente en un sueño profundo esta vez, casi sin retorno.

lunes, 28 de abril de 2008

Crónica: fusión literaria y periodística

“ A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”
Oscar Wilde

Aprendiendo a Vivir

La envolvió en una sábana de niebla que cegaba su visión, una corriente de energía casi excitante sucumbía sus piernas, un agudo rayo de poder sobrecargaba su olfato. En ese instante sintió miedo.


Lo de ella fue dolor a primer punzón, y se desmayó por primera vez en su vida, y por primera vez en su vida, también, no paso año nuevo con ellos. Es más, aquellos no sabían que había semejante barbaridad juvenil, y les dio una pena horrorosa, mientras su hija, bailaba sin parar entre sombras, gritos y cuerpos sudorosos. A la mañana, ella no recordaba mucho. Inhaló profundamente para evitar expulsar el desayuno que nunca alcanzó ver.

- !Papá¡ !Mamá¡ - aulló más que gritar por la desesperación. Respiró nuevamente al asfixiarse por la angustia de sentir sus pestañas rozar con sus delgados párpados y no encontrar la señal de la luz habitual.
- ¿Qué me pasa? - abatida y nerviosa, alcanzó llorar silenciosamente.


Paso 1: aceptar que tienes un problema

Después de incontables diagnósticos y la cruda penetración de un catéter minúsculo pero sensitivo, desde la ingle hasta el cerebro, dieron con el problema. Un hemangioma cavernoso alojado en el hemisferio derecho del cerebelo. Algo indignante e irónico para mi futuro analizó — especialmente si tengo un campeonato en tres meses, fuertes entrenamientos por recuperar, cursos que seguir, … pensó … en realidad mucho que vivir añadió.

- ¿Cómo te sientes hoy? - parloteo la enfermera como si fuese una paciente más del pasillo. (Tal ves si lo era).
- ¿Cómo me siento? Pues, como una vela apagándome poco a poco, ¿y usted? - mencionó de forma sarcástica al sentirse totalmente humillada e inútil.

No pudo comer ni beber sola, trasladarse hacia el baño se asemejó a caminar sobre la cuerda floja en un circo, marearse entre talcos y perfumes diferentes con el olfato agudo que poseía, someterse a baños de esponja, una sonda y un pañal fueron sus primeras batallas.

Es que ella, por supuesto, seria una cosa inservible. No podría caminar debido a las secuelas, tal vez ni moverse en mucho tiempo, perder la noción del sentido, trastornar sus nervios y/o ser un músculo inerte y débil.

Alguien entró:
- Ave María Purísima
- Sin pecado concebida
- Hija, dime tus pecados …

La perdición había iniciado y todos, nuevamente, empezaron a rezar por ella. (...)

Para saber mas de este tipo de tumor visita:

http://www.medicosecuador.com/revecuatneurol/vol15_n1_2006/cavernomas.htm

Para notar la diferencia entre los estilos de crónicas pon click en:

http://i289.photobucket.com/albums/ll220/Lilia1013/cronicahemangiomaarias.jpg

domingo, 27 de abril de 2008

Lo dijo Ryszard Kapuscinski

La fuerza de la palabra escrita

¿La escritura puede hacer que algo cambie? Sí, lo creo profundamente. Sin esa fe no podría escribir. Desde luego soy conciente de todas las restricciones que nos ponen las circunstancias, las situaciones, la historia y el tiempo. Por ello mi fe, aunque profunda, no es absoluta, no es ciega.

¿En qué consiste la principal restricción? La escritura sólo raras veces, en casos excepcionales, influye en la gente. Y, en el transcurso de la historia, no lo hace de forma directa, radical y de inmediato. La reacción a la palabra escrita es más bien mediata. En el primer momento puede ser incluso invisible, indetectable.
Necesita tiempo para llegar a la conciencia del receptor, necesita tiempo para empezar a formar o cambiar esa conciencia. Sólo después de un largo camino podrá influir en nuestras decisiones, actitudes y acciones.
El que la escritura produzca cambios no lo deciden sólo los autores, sino sobre todo los lectores: su sensibilidad y confianza en la palabra, su prontitud y deseo para reaccionar a la palabra recibida. Es también importante el contexto, el ambiente, el estado de una cultura imperante en que esa palabra cae y es recibida. Con frecuencia estas son las circunstancias que pueden debilitar e incluso aniquilar el valor y la fuerza de la palabra escrita y sobre la cual el autor de un texto no tiene mayor influencia. (...)

Cuando preguntamos: “¿la escritura puede hacer cambiar algo?”, la mayoría de las veces pensamos que se trata de un cambio positivo, dirigido a hacer un mundo mejor. Pero no olvidemos que la escritura puede intentar que el mundo sea peor, que contribuya a aumentar el mal, el odio y la agresión.
Tal función la cumple cuando se escribe en el tono del fanatismo y la xenofobia, del fundamentalismo y el racismo. Por ejemplo, los libros al estilo de Protocolos de los sabios de Sion o Mi lucha de Hitler.

Pienso que la pregunta sobre cuál es el carácter de la relación entre la escritura y el cambio es muy importante y actual. Esta pregunta surge de la inquietud sobre la eficacia de nuestras acciones literarias por el valor mismo de la escritura.
Porque por un lado vemos una enorme proliferación de la palabra escrita –hay cada vez más libros, revistas y periódicos– y al mismo tiempo percibimos cuánto mal hay en este mundo y como la cantidad de temores y conflictos en nuestro planeta aumenta en lugar de disminuir. De ahí el escepticismo de muchos creadores, de ahí la frecuente desconfianza e incluso la incredulidad en el sentido de nuestra escritura. (...)

La literatura siempre ha asumido su responsabilidad. Desde hace miles de años ha acompañado la vida de las sucesivas generaciones, a veces cambiándolas para ser mejores. Y hoy nada la libra de esa obligación. Por el contrario, los tiempos difíciles en los que vivimos nos ordenan que, con una fuerza y fe especial, digamos: “Sí, la escritura puede cambiar algo para que sea mejor, aunque sea poco, pero puede”.
Para visualizar el texto completo ingresa a: http://www.saladeprensa.org/